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Resulta común escuchar o decir que cuando dos personas están enamoradas existe química entre ellas, una conexión misteriosa, única, que los lleva a gustarse y entenderse en todos los aspectos de la vida.

Pero la cuestión va más allá del simple comentario popular, pues recientes estudios e investigaciones (más información en Psicologiaymente y Ecodiario), han comenzado a demostrar que el amor no es solo cuestión de sentimientos, es también un proceso neurológico con una explicación científica muy precisa.

Y es que a la ciencia (en lenguaje muy cotidiano), le gusta meter la cuchara en todo, incluso en el amor. Y, por eso, intentando entender el mecanismo inexplicable por el que nos enamoramos de una persona, descubrieron a la oxitocina, la hormona del amor. ¿Quieres saber qué es y que hace esta hormona en tu cerebro?

Cuando dos personas están enamoradas sus cerebros liberan oxitocina. Esta hormona está directamente relacionada con la capacidad de construir relaciones saludables y a largo plazo con las personas, ya que ayuda a crear lazos interpersonales: no solo está directamente relacionado con el sexo, sino también con el proceso de nacimiento y lactancia.

Esto se debe a que la oxitocina estimula el centro de recompensa en el cerebro masculino, lo que aumenta el atractivo de su compañera y fortalece la unión monogámica. La oxitocina es la que nos hace la excepción a la norma de los mamíferos, que no suelen tener una única pareja sexual. La hormona del amor actúa como una especie de droga para las parejas que están en una relación a largo plazo. Esto también podría explicar por qué las personas se sienten mal o se deprimen al finalizar una relación: los niveles de oxitocina bajan y el sistema de recompensa está subestimulado.

Aunque la oxitocina se ha convertido en la hormona que encabeza el hit parade de la mayoría de las últimas investigaciones sobre el tema, existen otras que igualmente continúan en la mirilla de análisis, como las posibles causantes de nuestras reacciones amorosas.

Luliberina, la responsable de las uniones mágicas: es una pequeña hormona cerebral. Su ausencia ocasiona el desapego amoroso. Misteriosamente, existen parejas que son capaces de sostener, más allá de la biología, esos estados de unión apasionada por años; mientras que otras se alejan muy rápidamente, aunque puedan seguir físicamente juntos, es decir, tienen poca luliberina.

Testosterona, la que ocasiona menos probabilidad de contraer nupcias: es la hormona masculina, aunque las mujeres también la producimos en menor cantidad. Es la hormona que más se opone a la dulzura y a la expresión del afecto. A más testosterona, menor probabilidad de que él se quiera casar, incluso puede haber violencia intrafamiliar. En invierno se reducen los niveles de testosterona, en primavera aumentan y con ello, incrementa el deseo sexual.

Estrógeno, la causante de que te sonrojes: cuando te enamoras, se eleva la cantidad de esta hormona. Es responsable del rubor en tus mejillas al hacer el amor. Hay quienes dicen que proporcionan una piel de durazno y cabellos de seda. Los estrógenos provocan cambios en el moco cervical y hacen que los espermatozoides penetren más fácilmente.

Serotonina, la que produce placer: es una especie de droga ideal, secretada por tu cerebro y que te hace más optimista, es la hormona del placer.

Oxitocina, la que estimula el deseo de protección: se segrega en el parto y durante el orgasmo, se asocia a un nivel mayor de felicidad y a la vez, estimula tu deseo de proteger a otra persona, propicia el apego a tus hijos y a tu pareja. Es la responsable de la excitación inicial, originada por las caricias amorosas.

Feromona, la que provoca que hagas el amor con mayor frecuencia: si el olor o la mirada de alguien te atraen, es por las feromonas, las causantes del fenómeno de la atracción mutua. Si haces el amor con frecuencia, seguramente tienes una gran cantidad de ellas. Incluso, se ha pensado en la posibilidad de venderlas encapsuladas, para resolver problemas de impotencia, frigidez y frustraciones sexuales. También indican la disponibilidad del otro a “enamorarse” y a mantener relaciones sexuales.

Endorfina,
la que te brinda seguridad y felicidad en el amor: la presencia constante de un compañero hace que aumente la producción de endorfinas. Dan a los enamorados una sensación de seguridad, de paz, de alegría y de sosiego. Funcionan como la morfina, serena la mente y disminuye tu ansiedad. Estas hormonas son tranquilizantes naturales y son las culpables de que termine la pasión de los primeros tiempos.

Vasopresina, la que genera la responsabilidad en pareja: se activa en los hombres después de eyacular y los vuelve más responsables con la mujer.

Ya sabes, ahora el amor no solo está en el corazón, también es un fenómeno que, visto desde la ciencia, constituye una cuestión de química.

 

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Cuestión de química

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