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La historia de los hombres no solo se mide y se conoce a través de sus actos valerosos, también se descubre con las huellas físicas y arquitectónicas que dejan a su paso por la vida, que los identifican y diferencian del resto de sus contemporáneos.

Por eso, las ciudades son la historia viva,  que respiran acontecimientos, que guardan en cada uno de sus muros y edificios, los momentos que definen un tiempo, una época, una civilización.

Dichosos aquellos que pueden caminar por calles milenarias o centenarias, y registrar en sus ojos, cámaras y celulares, lugares por donde en tiempos lejanos ya desandaban nuestros antepasados.

Diez mil años después de su creación, Jericó se alza como la urbe habitada más anciana conocida hasta hoy.

Se encuentra en pleno apogeo turístico y ofrece a sus visitantes una variada oferta arqueológica que los  traslada de la modernidad hasta los esotéricos rituales de la remota cultura natufiense.

Jericó se ubica en el valle del degradado Río Jordán, aproximadamente a 240 metros por debajo del nivel del mar Mediterráneo y a unos 27 km de Jerusalén, y su nombre aparece en la Biblia e impregna de misticismo toda la región desde tiempos inmemoriales.

Situada en la zona del legendario conflicto israelo-palestino, Jericó es actualmente una de las ciudades más visitadas del mundo, por su enorme representación cultural y su amplia presencia dentro de las Sagradas Escrituras de las más importantes religiones monoteístas de la humanidad.

Así lo indican sus denominaciones semitas -«ariha» en árabe y «yerijó» en hebreo- palabras que, según otras teorías, también podrían aludir a la «fragancia» que se respira en el principal oasis del valle del Jordán, donde se mezclan el perfume de azahar y los aromas cítricos.

Sus primeros pobladores conocidos fueron los natufienses, pertenecientes a una cultura anterior al 9.000 A.C. y a los que siguieron una serie de tribus del periodo Neolítico Pre-Cerámico, las cuales dejaron edificaciones aún visibles en el yacimiento de Tel As-Sultán.

Los restos arqueológicos muestran la expansión de sus murallas realizadas aproximadamente en el 1.700 A.C., un indicio de prosperidad, pero Jericó fue de nuevo destruida 150 años después y quedó abandonada hasta el Siglo IX antes de nuestra era.

La ciudad de Jericó desempeñó un papel crucial en el desarrollo de la revolución neolítica. Se han descubierto pedernales, cuencos, hachas, puntas de flecha, espátulas de hueso o figuras antropomorfas de arcilla y yeso. La primera excavación de Jericó fue llevada a cabo por el arqueólogo Charles Warren en 1868.

Sus restos son hoy uno de los 113 tesoros arqueológicos de la humanidad y despiertan el interés turístico al por mayor, convirtiendo a esta ciudad, cuna de leyendas e historia en un lugar de obligada visita para peregrinos, historiadores, arqueólogos, investigadores,  y todos aquellos interesados en conocer y contar el desarrollo del hombre a través de los 10 mil años de historia, que la convierten en un espacio único en el universo.

Conozca más detalles de las Montañas de Jericó.

 

 

 

 

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Jericó: 10 mil años de historia

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